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MEZCLA DE FOTOS POR GENTILEZA  DE ANTONIO, LAURE Y CARMEN.

CRÓNICA PATEADA 236

27/01/2018 Sistelo (Portugal)

Quedamos en Portela de Alvite, Concello de Monção, sobre las 10. Acudimos dieciséis aficionados a los caminos. Una vez pertrechados con las mochilas, comenzamos el descenso por el sendero de las apuestas que comienza en la construcción torcida. (Es frecuente resbalarse porque este camino es sombrío y cargado de grandes piedras con verdillo. Una congostreña en una pateada anterior, después de culear varias veces, prometió pagar unas cervezas si llegaba entera al final.)

Con esta premisa en la mente, un congostreño reclamaba ruidoso, su cerveza después de un culazo. Cuando le dijeron que el que cae es quien paga, dijo: “non foi casi nada e, apenas me doeu”, poco más o menos.

En tramos, el camino era más un río que camino, así que un listillo se metió por unos bancales escalonados con paredes de dos metros. No tuvo más remedio que agachar la oreja y volver al camino, pero para disimular, tiró tipo pértiga, unas cañas de fuegos de los festejos pasados de Sistelo, cómo si ese fuese su objetivo.

A lo lejos se ve el patio de la iglesia, que cuelga como un balcón sobre la zona del río. Allí había un grupo de caminantes uniformados. Los saludamos con el saludo cabrero: “Eeeeoooo” y respondieron de la misma forma.

Subimos los ciento y pico escalones hasta el pueblo y entramos en el patio de la iglesia. Ya no estaban los uniformados. Aprovechamos para fotografiar todas las vistas. A la salida, pudimos ver la mítica fuente con los rieles de carga de cubos y el único bar que permanecía cerrado.

Un congostreño salió a la carretera para ver si el grupo que estaba allí era congostreño, pero no era así. Mientras esperaba por el resto bajo un naranjo, quiso comprobar el tamaño de una naranja que pendía sobre su cabeza, pero al tocarla, con tan mala suerte, ésta se desprendió y se precipitó hacia el suelo. Menos mal que tenía la mochila con la cremallera abierta situada justo debajo, sino qué sería de la naranja. Creo que algo parecido le ocurrió al señor Isaac, que descubrió las manzanas, ¿o fue la gravedad? No recuerdo.

Salimos del pueblo por un camino empedrado, coronado por una parra deshojada. Continuamos por las orillas del Río Vez. El camino estaba repleto de pasarelas: una especie de puentes de madera que facilitaban el paso en las zonas difíciles. Dos locos se atrevieron a cruzar por una zona con diez centímetros de agua que se precipitaba en forma de catarata. Solo uno lo consiguió, aunque los dos retrocedieron. Para disimular su falta de cordura, dicen que querían probar las botas.

Después de unas cuantas pasarelas, a orillas del río y en una zona soleada, nos tomamos el plátano. En unos momentos las cáscaras de plátano volaban en todas las direcciones.

En el relax del momento, una congostreña decide poner la mochila en un lugar estratégico mientras se toma sustento. Cuando vuelve a la mochila: ¡Ah! ¿Dónde está la mochila? Le había desaparecido, busca pero que no aparece, ve con ojos desconfiados a los más probables de habérsela escondido. Uno le pregunta ¿buscas algo? Ella le dice: la mochila, pensando, como si no lo supieras, deja de hacerte el gracioso y dámela. El congostreño, solo por descartar, le pregunta: ¿no será la que llevas a la espalda? Ella da un grito silencioso mientras agarra la mochila por las asas. Seguramente pensaría: ¿Cómo harían para esconderme la mochila y luego ponérmela a la espalda sin que me diese cuenta?

Tuvimos que salir a la carretera, y en un intento de escapar del asfalto, nos dedicamos a tomar todo sendero que fuese en la misma dirección. Nos encontramos con la casita del guardabosques. Su estado no era lo deseable, pero tenía una fuente con una pequeña presa y unos cubos. El agua era potable, y los cubos, según el guía, son para ayudar a llenar la bolsa de los helicópteros en caso de incendio, porque su tamaño no permite el llenado directo.

Seguimos subiendo hasta una cumbre donde hay buenas vistas, podría decirse que era un mirador natural. La bajada era por un sendero estrecho flanqueado por unos tojos rabiosos que parecían molestarse por nuestra presencia y lo manifestaban.

Después de varios kilómetros de monte y sendero, llegamos a un pueblecito con una fuente ornamental y práctica, consistía en un recipiente de piedra y cemento pintado de blanco. Lo curioso era la procedencia del agua: salía de una columna de aros de piedra que seguro procedían de un molino. Aunque alguien dijo que eran las pulseras de las viudas del pueblo.

Se acercaba la hora del bocata y queríamos tomarlo con una cervecita fresca, y cómo el único bar conocido estaba en Sistelo, apretamos el paso. Dos congostreños se destacaban por la pugna de la primera cerveza fría, “en Portugal nunca se sabe si habrá más”. Cuando el primero entra en el pueblo seguido a cincuenta metros por el segundo, éste le indica que hay que salir del pueblo. El primero pregunta ¿pero non imos o bar? Indicando hacia el centro del pueblo. El segundo, con toda la cara seria de la que fue posible poner le dice: “imos o da carretera que é máis grande”. Cuando el primero inicia la salida del pueblo, el que hasta entonces era segundo, sale corriendo hacia el único bar que está en el centro. Mientras corre, emite unas risitas que hacen recordar a una hiena después de robarle una pieza a un león.

El bar “A TASQUINHA” tiene unas dimensiones que no permiten situarse en el mostrador a más de tres culos masculinos,  dos si son de mujer, que son  masculonas. La mayoría se sentaba en las afueras, en sillas, escaleras, o piedras al sol. Mientras estábamos disfrutando de la cerveza, llegan dos grupos más que tuvieron que recomponer sus exigencias por falta de existencias.

A pocos minutos de salir, pasa una vaca liderando un grupo de corderitos. Es un pase obligado para turistas que tiene mucho éxito entre los fotógrafos. El pase termina cuando la vaca se para frente a un portal, donde una señora le abre y entran solemnes.

Salimos subiendo hacia Porto Cova subiendo una carretera adoquinada que dio paso a los típicos senderos alfombrados de hojas y flanqueados por muros de piedras tapadas con musgo. Llegamos a Padrão. El atractivo turístico de este pueblo es la fuente de la cerveza interminable. Consiste en una fuente donde el agua sale de un tubo que termina en una T, por arriba le han colocado una botella de cerveza y por abajo sale el agua.

Repuestos e hidratados del líquido, continuamos hacia Porto Cova. Durante el trayecto, nos asombra cómo son capaces de mantener de forma permanente unos caminos tan llenos de mierda, agua y tierra que pises donde pises, no consigues pasar con las botas limpias. Estos lamentables caminos llevan al devoto “Peto das ánimas de San Antonio”. Nos sentamos en el cruce, para dejar pasar a las vacas del pase rural, pero como no se atrevían, una congostreña a la que parecen gustarle más las vacas que las personas, va a su encuentro y les da confianza. ¡Qué emoción! Ahora comprendemos el entusiasmo de los Sanfermines. Nos jugamos el tipo compartiendo el camino con unos vigorosos astados que tenían nuestras vidas en sus cuernos.

Descendemos hasta el Río Vez, allí tienen por costumbre unos congostreños realizar un baño purificador en las gélidas aguas. Dos devotos de las vacas se bañaron, y otros dos se quedaron a certificar el baño. El resto del grupo se adelantó por el sendero más alto, largo y bonito; los cuatro bañistas tomaron el camino más corto, pero llegaron más tarde a Portela de Alvite donde rematamos con las cervezas, los que se hicieron entender, que el camarero no estaba mucho por la labor.

Para sacar los coches tuvimos que organizarnos, porque un camión de doble remolque y cargado con troncos de madera nos cortaba el paso.


Desde aquí, después de los abrazos, besos y despedidas…
Cada mochuelo a su olivo,
¡Hasta la próxima! Agur…



CRÓNICA PATEADA 235

13/01/2018 Pazos de Borbén (Pontevedra)

En un principio quedamos en la iglesia de Moscosos, para salir hacia el Río Barragán. La senda pensada atravesaba el río. El Barragán, en verano va lleno, así que en un día de lluvia no era muy prudente cruzarlo. Habría que cruzarlo por unas poldras que seguramente estarían hundidas. (Muelas de piedra que sobresalen en línea). El buen juicio hace cambiar por otra menos conflictiva, así que el guía improvisado, saca de su maletín su arma mágica y vamos para allá. En unos kilómetros, nos ponemos en la Biblioteca Pública Municipal de Pazos de Borbén, una casita de piedra que parecía el Concello. Justo en la placita de delante aparcamos.

Ya pasaban de las diez cuando trece “piraos” bajan por la carretera asfaltada con la mera intención de disfrutar de un paseo bajo la lluvia, pero con paraguas, que no es cuestión de darse una sobredosis de entusiasmo. A unos trescientos metros, tomamos la primera bajada hacia la Iglesia de Santa María de Pazos, imbuida en su cementerio.

Poco más abajo entramos en un camino entre una vid y unos matojos que nos lleva bordeando unos campos. Un grupo de caminantes miran de reojo a una pareja que están discutiendo bajo la lluvia: “toca, toca, le decía ella”. Él negaba con la cabeza pero hacía ademán de tocar. Ella insistía con decisión: “pero mete la mano por dentro, verás cómo está mojada”. Él con un fingido rubor, le dice:” no me pidas eso, que soy un hombre casado”. Era cierto, la calidad de una capa roja no era muy buena y no transpiraba.

Llegamos a “As Muras”, una pequeña localidad, cruzamos sus calles y nos adentramos en un nuevo prado; es curioso lo caritativas que son estas gentes, han dejado unas bolsitas colgadas a la entrada de casa, con pan para los pobres caminantes. De haberlo sabido…

Llegamos al inicio del sendero “da Levada de Casqueiros” que va desde “Chan das Xunqueiras hasta el Rectoral de Borbén” siguiendo el “Río do Pozo Negro”. Bajo los pies nos encontramos con caminitos que pugnaban por ser ríos. Estos aprendices de río nos llevan a un pueblecito donde había una casita que parecía un castillo, tenía los nombres de sus propietarios tallados en los pilares del portal de entrada. Es aquí frente a este monumento donde nos tomamos el plátano.

Seguimos la carretera hasta un camino entre eucaliptos que se parecía a un corta fuegos, éste nos lleva a un muro donde, algún espíritu de escultor, nos deja unos relieves contorsionados que daban pie a la interpretación. Muchos coincidieron en que veían una pareja en pose lasciva, un ojo y un pez-guarro o guarro-pez, (una imagen ojival, que por la izquierda parece un pez y en la cola hay una cabeza de cerdo).

Entramos en la “Senda da Levada de Casqueiros” concretamente en “Bazouco”. Pasamos por “A Fraga do Pozo Negro” cargada de riachuelos y distintas especies de flora. Deduzco que el pozo estaría muy profundo por eso lo llamaron negro.

As levadas de casqueiros, son canales de irrigación poco profundos, empleados desde antaño para regar las fincas de Muras y Cuartos de Borbén.

Mientras caminábamos por un estrecho camino, suena un grito: ¡Cuidado por ahí! Una atemorizada congostreña se asusta al ver salir un bicho feo con dos patas, de detrás de un muro. Seguimos una acequia que nos lleva por “O Camiño das Cacolas”. Seguramente tendrían miedo a resbalar en las cacolas, porque todos dieron la vuelta, salvo un explorador que se adentró siguiendo el río hasta “A Presa dos Casqueiros”, siguiendo un letrero que auguraba encontrar una Tola. Por mucho que buscó, no estaba la loca por ninguna parte.

A Tola, no es una señora ida, llaman así a una piedra de tres agujeros que divide las aguas que recibe desde el Molino del Pozo Negro, en dos canales llamados “A Moita” e “A Pouca” siguiendo unos calendarios de regadío.

Nos encontrábamos en Cuartos de Borbén, justo frente a la Iglesia Santiago de Borbén, cuando comienza una discusión culinaria ¿Comemos aquí o seguimos? Hubo varias votaciones que coincidieron en comer sentados en las vallas de la iglesia. Las cervezas las encontramos en una tienda cercana.

Después del bocata, el paisaje era como los negativos de las fotos. Hemos pisado tierra quemada durante muchos metros hasta encontrar el recinto del Santo Aparecido. Un recinto de culto donde se erige una cruz de piedra con un santito de piedra encerrado en una jaula de pájaro.

Seguramente como hacía frío, el santo se ausentaba y en vez del aparecido lo llamarían el desaparecido, por eso tomaron la dura decisión de encerrarlo en la jaula.

Desde estas alturas ya se divisa la biblioteca dónde nos esperan los coches. A pocos metros del santo enjaulado subimos por tierra quemada hasta unos petroglifos. Las interpretaciones son que se hacían círculos con distintas perforaciones para entrar en contacto con sus antepasados (digo yo que en vez de perforar la roca les sería más fácil rodearla, pero… yo ya no soy neandertal). Hay un incrédulo que dice que sería un señor con un taladro. En vez de marcar donde perforar, lo hizo directamente y con el tembleque agujereó toda la piedra.

Las cervezas fueron en un furancho camino a Sotomayor, en As Penas. Se llama Furancho La Posada del Marqués. Cómo marqueses no, pero no estuvo mal. Con las cervezas nos pusieron dos platos con lonchas de jamón y chorizo. No se podían comer, los ponían tan lejos que no llegábamos, los glotones estiraban el brazo, las tímidas ayunaban en devoción al Santo Aparecido y jamón desaparecido.

Desde aquí, después de los abrazos, besos y despedidas…
Cada mochuelo a su olivo,

¡Hasta la próxima! Agur…

PATEADA 235



AVISO : RETRASAMOS LA RUTA HASTA OTRO MOMENTO MAS PROPICIO, DAN NIEVE A PARTIR DE 900 METROS. LA SUSTITUIMOS POR LA RUTA DEL RÍO BARRAGÁN, EN MOSCOSO.