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CRÓNICA PATEADA




Portela de Alvite – Sistelo (Portugal) 17/03/2017

Salimos de Portela de Alvite bajando por un sendero marcado por una edificación hundida por un extremo, como imitando a la torre de pisa pero bajita, parece un lavadero de animales. 

Parece ser que cada 12 de septiembre, se recogen de los montes caballos y vacas típicos de la zona y se mercadea con ellos aquí. Son los “cavalos garranos e vacas de raça cachena”.
-El caballo garrano (También conocido como “poni portugués”), es una raza pequeña de origen ibérico, autóctona de las montañas del norte de la península Ibérica, de color castaño, largas y abundantes crines, con orejas y extremidades pequeñas pero muy resistentes, y poco pesado, lo que lo hace idóneo para tareas agrícolas y de carga. Actualmente se encuentran en las montañas del norte de Portugal y del sur de Galicia, en estado semisalvaje.
-La vaca cachena fue una especie muy usada en trabajos agrícolas en entornos difíciles como laderas de montañas con bancales, socalcos o sembrados en escalinata. El nombre de la raza deriva de la etimología, cacheno significa pequeño. Su población se está reduciendo dada la merma de la agricultura y el avance de la maquinaria. Las pocas que quedan se encuentran en entornos de algunos pueblos de montaña. A día de hoy es muy cotizada por la carne de sus terneros. 

Salimos catorce integrantes y casi no llegamos los mismos. Una congostreña reciente inició la pateada con una culada, como si fuese el pistoletazo de salida. Nada del otro mundo, en un momento que estás pensando en tus cosas, y de repente, te encuentras sentada en el suelo sin saber que ha pasado, con dolor de culo y mirando a los lados para analizar la situación, intentando rebobinar para corregirla. Al final te das cuenta de que ya ha pasado y no puedes arreglarlo, conjugas el bochorno con el dolor y te levantas.

La bajada es por un sendero empedrado que en ocasiones estaba mojado y con limo en las zonas sombrías, quizás hay que mencionar que si oyes: ¡cuidado que se “esbara ou escorrega”! hay que ver donde pisas… llegamos a un cruce y unos siguen hasta el río y otros toman el camino correcto. Los despistados llegan antes a la iglesia de Sistelo, y desde las alturas hacen llamadas de orgullo: eeeoooo!!!!!!!!!. Los de abajo les recriminan su inmadura actitud.

En medio del pueblo, había una fuente con unos curiosos artilugios que facilitaban el llenado de un pesado recipiente. Consiste en dos hierros a modo de riel y un carrito con forma de madera de cocina. Se sitúa el cubo encima y se acerca a la fuente, una vez lleno se retira tirando de él hasta una posición cómoda para manejarlo.

Subimos por una vía perfectamente empedrada (no hay como un portugués para empedrar), saludamos a una señora que trabajaba el campo en compañía de una vaca cachena, bajita y carnosa, de largos cuernos (la vaca, no la mujer). Pocos metros más y volvemos a saludar a una familia de labradores en compañía de tres vacas más. Algún graciosillo les comentó a gritos, “canta xente teñen aquí para traballar”. “Si fose para comer, xa,xa”, parece que contestan. 

La subida es bonita para los que pueden apreciarla. Subimos por un sendero limitado por un muro de piedra abrigada con musgo, hasta la hora del plátano; tomamos primero aliento y luego el plátano, para continuar por la ladera de la montaña hasta una zona de sendero sin vegetación de tránsito de vehículos, cerca de Lordelo. Seguimos subiendo un poco desparejados. En el primer reagrupamiento alguien comenta que el siguiente tramo tiene dos alternativas: una es subir recto, lo que incluye una cuesta “técnica”, léase de cojones; la otra es continuar por el sendero y hacer algún kilómetro más. Un tercero, al que nadie lo había consultado, también mete baza: también se puede ir por Tui, hay menos cuesta. A sabiendas de que mentía como un bellaco, todo el mundo sabe que hay más cuesta.

 El reagrupamiento principal fue en una casita de pastor a todo lujo,  construida con piedras amontonadas. La casita, de medidas reducidas, pero suficientes para caminar erguido, si eres portugués bajito, estaba decorada con una gran mesa de madera que casi ocupaba toda la estancia, una chimenea de piedra y una alacena de madera con un único plato. Lo que se conoce como un apartamento single.

Eran menos de las dos cuando estábamos tomando posiciones para tomar el bocadillo. A medida que íbamos llegando, pasábamos por el interior, saludábamos a las garrapatas y salíamos en busca de un lugar para sentarnos. Nos repartimos entre dos mesas de piedra. Entre los elogios de la casita, había un congostreño inconformista que comentaba: sí, sí, muy bonita y bucólica, pero se gastaron todo en piedras y no les llegó para la ducha, la luz, y sobre todo, ¿Dónde está la wifi?. Ahí está la antena, le contestan señalando un cráneo de vaca con grandes cuernos que colgaba de la fachada. 

Ahora es todo bajada, dijo alguien que parecía responsable y serio. Pues para abajo salimos. Pasamos por una zona de activación de pantorrillas. Se trata de una zona cubierta con tojo duro, como cabreado, que pata que pilla, pata que reactiva. Llegamos al Río do Covo, algunos reactivados, otros no tuvieron suerte. En las tranquilas orillas nos tomamos un descanso y subimos por la “branda do Río do Covo” observando las casitas. En la cima y a la sombra, nos tomamos otro descansito antes de entrar en el bosque del silencio.

Con la mente “lúcida” llegamos al acuerdo de que había que pasar el bosquecito en silencio. Para hacerlo más serio, incluso decidimos que “quién hable paga las cañas”. Bajamos en silencio, procurando no mirar a nadie que pudiese suscitar la necesidad de hablar. Todos nos acordamos de situaciones de tensión en clase o casa, cuando había que estar en silencio, y nos entraba incontinencia de la risa floja. 

Con la tensión en el cuerpo, en un momento dado un congostreño llamó la atención de otro, señaló hacia arriba con los dedos índices apoyados a cada lado de la frente,  imitando una cornamenta, luego señala hacia arriba a un lugar que ya habíamos pasado. Como no se hacía entender probó con otro más receptivo. El segundo interlocutor mímico se señala el cuello y se encoge de hombros. Otra congostreña reciente, va concentrada en no hablar y no pisar en suelo resbaladizo cuando, de detrás de un árbol sale un ronquido de jabalí que la asusta. Se le escapa: ¡Hay, que susto! y el feo jabalí con gafas, le indicaba con gestos: ¡ah,  hablaste! y ella echa la mano a la boca para borrar el grito.

En un cruce de la bajada, el primer grupo tuerce a la derecha, el siguiente grupo que había perdido la visión del primero, se va por la otra derecha. Claro, si uno te indica mirándote de frente, que el camino es a la derecha, ¿qué entiendes? ¿A su derecha, a tu derecha? Moraleja: no pierdas de vista el culo del de delante (¿aunque sea feo? Sí, aunque sea feo). 

Bueno, se reconduce el grupo y continuemos hasta Padrao sin más incidentes, aquí nos refrescamos en la fuente cervecera y continuamos por el camino atravesando los "socalcos"(bancales)  de “Porta Cova” llegando al río. Los más fuertes y acalorados se tomaron un buen baño. Los demás descansan. Desde arriba se oían conversaciones tartamudeando, de tanto que estaban disfrutando del agua fresquita.

Una vez refrescaditos, tocaba subir una pequeña cuestecita empedrada, pequeña cosa, pero el desánimo cundió y continuamos por un sendero alternativo a la subida. Efectivamente era más llevadera hasta un pueblecito de tres casas, a partir de ahí hay que subir lo que no quisimos antes, y más empinado. Moraleja: “non hai atallo sin carallo”. ¡Ups! perdón, no hay atajo sin trabajo, que rima igual.

Pasadas las seis y media estábamos sentados a la mesa exterior del bar de Portela.
Saboreando la “ceveja preta”. Alguien preguntó al señor de los cuernos del bosque: ¿Qué decías con los cuernos en el bosque? ¡Ah!, que la cornamenta de la vaca que vimos la otra vez estaba allí arriba, le contesta. Pues yo te señalaba mi corbata, porque pensé que hablábamos del regalo de los padres… (bromeando).

De repente llega una congostreña cargada con una bolsa de patatillas al natural y otra de sabor a jamón y también frutos secos. Se había prometido a sí misma, que si llegaba viva, pagaba las cervezas (Viva esa confianza). ¡Cacho culada debió ser! Dijo algún indiscreto.

Después de los abrazos, besos y despedidas…
Desde aquí… cada mochuelo a su olivo,
¡Hasta la próxima! Agur…